Hipnosis Ericksoniana

A través de la hipnosis y la relajación, podemos entrar conscientemente en el reino del subconsciente para reformar sus sistemas implícitos.

Cuando nos relajamos disminuye la actividad eléctrica del cerebro y accedemos hacia regiones subcorticales más profundas, donde se encuentran almacenados nuestros condicionamientos, actitudes, hábitos, comportamientos etc. En este estado la persona deja de lado sus facultades analíticas y está abierta a recibir información acerca de una nueva forma de ser, de comportarse, donde la salud está por supuesto siempre presente.

A través de la Hipnosis Ericksoniana logramos recuperaciones sorprendentes. Toda la sabiduría de la salud se encuentra en cada una de nuestras células, todos tenemos esa información, solo hay que sacarla a la luz de la conciencia.

Toda hipnosis es autohipnosis. Nadie puede ser inducido a un trance si no está predispuesto a ello. Además, nuestra mente dispone de un sistema de defensa tan preciso y complejo que está siempre alerta; y en el caso en que la persona reciba una orden que choque con su sistema de valores y creencias, el sujeto saldría inmediatamente del trance.

Los estados hipnóticos son tan comunes entre nosotros que las primeras veces que los experimentamos no creemos que hayamos entrado en trance. Nuestro organismo reconoce el estado, y no encuentra nada nuevo en él.

La mayoría de las personas hemos vivido situaciones en las que estando despiertos perdemos la noción de lo que nos rodea. ¿Quién no se ha sorprendido en alguna ocasión soñando despierto? ¿O pasado horas viajando sin darse cuenta por donde circula? ¿O metido en la trama de una película o una canción, o quedarse extasiado con un paisaje, escuchando a alguien hablar, o con una caricia?

Todos estos son estados de trance o hipnóticos. La diferencia es que en estos casos el trance surge espontáneamente sin posibilidad de utilizarlo conscientemente con un objetivo definido y de forma controlada, como en el caso de la hipnosis inducida.